sábado, 20 de junio de 2015

"Pareja Educativa": Un análisis posible. II

Técnica Pareja Educativa

Gonzalo, 14 años

Consigna: "Dibuja una persona que aprende y otra que enseña. Escribe una historia acerca de estas personas"

RELATO:
“Esta persona que está enseñando, tiene una personalidad y carácter que combinado con la matemática resulta una mezcla irritante. Gritos+mucha tarea+ironía= profesora de matemática. Esta es la fórmula que utiliza para enseñar. Quisiera que esto cambie para hacer del aprendizaje algo más placentero y tranquilo.”


ANÁLISIS
Para Gonzalo el registro imaginario del vínculo ha puesto al  maestro en el lugar del amo. La figura de la profesora, en este caso, como figura superyoica, profiere enunciados despóticos y definitivos, que no admiten discusión. Como figura superyoica, hace presencia con la voz y la mirada, con gesto áspero vigila el cumplimiento de las tareas, sin importarle los avatares del sujeto. La  oferta (el saber) aturde el deseo del alumno, que en este “Está bien, bien, bien” que profiere y grafica, busca acallar la furia del maestro, evitar sus descalificaciones y acceder a sus imperativos. A su vez, parecería consentir este tipo de vínculo, corriendo riesgo la construcción de un saber que lo incluya como sujeto. El estudiante tiene prestado su cuerpo al otro, trabaja para el Otro.
Pero en su relato escrito parecería redimirse. Sabe que el otro en posición de amo oculta su propia castración, no lo sabe todo, está en falta bajo la máscara de la omnipotencia y omnisapiencia inventada. Registra su angustia y la define con su mismo discurso disciplinar: “Gritos+mucha tarea+ironía= profesora de matemática”. De esta manera, la figura del que enseña no es sostenida en el lugar de no castrado, de completo: “Quisiera que esto cambie para hacer del aprendizaje algo más placentero y tranquilo”, denuncia a manera de balada su presunta renuncia (el gráfico difiere del relato en su contenido expresivo).
La producción de Gonzalo parecería ser clara al respecto, el “uso” que se hace de la teoría conserva el orden dominante, el poder en el que enseña y la su­bordinación y falta de saber en el que aprende. El uso de la teoría conlleva a silenciar las voces de los demás.

La oferta de saber representada en el dibujo del pizarrón como discurso irreconocible silencia la voz del estudiante. El estudiante no consiente esta “violencia simbólica” y el deseo no circula, decide no invertir en este tipo de conocimiento. Esto traerá consecuencias

Se pensaría que  el conocimiento es aislado para mantenerlo a salvo de la produc­ción de deseo, congruente con el discurso del otro (del que enseña), cuyos elaborados códigos ha­blan por los estudiantes pero a los cuales éstos tienen poco acceso si no renun­cian a los códigos rituales que afirman su identidad.

Piensa “Me quiero ir!!!”, mostrando una sub­jetividad “descentrada” de la escuela, su voz es desconfirmada y deslegitimada a través de un furioso “NO ES ASÍ, pero a la vez, reclama su sentido de conti­nuidad subje­tiva y de acción cul­tural y social, mediante la in­versión afectiva en un pedido de alerta: “quisiera que esto cambie”.
La representación de Gonzalo muestra la perspectiva de una pedagogía que expresa cómo operan los profesores y los alumnos en contextos definidos históricamente con el objeto de producir determinadas nociones de conocimiento de “alto status”, conceptos específicos de autoridad y representaciones selectas de la identidad individual y colectiva. La pedagogía, en este sentido, es tanto una práctica política como cultural.
En su representación del vínculo educativo, la función civilizadora de la profesora se esfuma, no se consiente la violencia simbólica, pasando al terreno de una violencia psicológica.


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